domingo, 28 de junio de 2020

LOS BULOS MACHISTAS



Jorge Saura
Por las redes sociales corren y se extienden algunas relatos y fabulaciones sin fundamento relacionados con el movimiento feminista; mejor dicho, contra el movimiento feminista. Los más habituales se refieren a la violencia machista y a la Ley 1/2004, conocida como Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género o más popularmente, LIVG.

Tres familias de bulos
Hay tres grupos de bulos: los que aseguran que hay un elevado número de denuncias falsas puestas por mujeres que fingen sufrir maltrato, los que afirman la existencia de un protocolo de arresto del varón que se activa en cuanto una mujer pone una denuncia y los que insisten en que un gran número de hombres permanecen encarcelados como resultado de una denuncia falsa.

Es muy fácil demostrar la inconsistencia de todos esos bulos. Comencemos por las denuncias falsas:
La Fiscalía admite que existen denuncias falsas, pero limita su cantidad a un 0,01%. Como es un dato oficial, los autores de los bulos no pueden decir que la Fiscalía miente, pues podrían meterse en un jardín y verse denunciados por calumnia, así que recurren a fabular un procedimiento de archivo tan complejo que ni ellos mismos consiguen explicar claramente, según el cual la mayoría de las denuncias falsas se archivan sin ser contabilizadas como tales. ¿Y dónde van entonces esas denuncias falsas que no se contabilizan como tales? ¿Se destruyen? No; según algunos bulos esas denuncias están registradas por el Consejo General del Poder Judicial, pero aseguran que existe una instrucción que prohíbe colgar en su web cualquier información sobre denuncias falsas puestas por mujeres. Como podrá imaginar el lector, esa instrucción, circular, exhorto o lo que sea jamás ha sido publicada por ninguna de las personas que afirman su existencia.

Luego están los bulos que afirman rotundamente la existencia en la LIVG de un protocolo de actuación policial que se activa en cuanto una mujer pone una denuncia por violencia. Según ese protocolo se arresta inmediatamente al varón y se inician los trámites para emitir una orden de alejamiento; así, sin juicio, sin investigación, sin tomar testimonio a nadie, ignorando la presunción de inocencia. Dicen los propagadores de bulos que la mera existencia de la LIVG es una amenaza para cualquier varón, pues basta la palabra de una mujer para arrestar a su pareja sin necesidad de hacer ninguna comprobación.

Ninguno de los fantaseadores que propagan estos disparates ha sido capaz de citar el título o artículo de la LIVG donde aparece dicho protocolo. Cuando en algún debate virtual alguien muestra dudas sobre la existencia del protocolo, el difusor de bulos suele enmudecer o contestar algo del tipo “yo no lo he visto escrito pero todo el mundo sabe que existe”. Si ese protocolo de arresto inmediato existiese ¿cómo podrían explicarse los casos de hombres que han asesinado a su pareja al enterarse de que les había denunciado por maltrato? 

Vayamos ahora al tercer grupo de bulos, el que asegura que existe un gran número de hombres encarcelados injustamente porque en su día fueron víctimas de una denuncia falsa. Al igual que los bulos de los otros dos grupos, es fácil demostrar su inconsistencia. En la cárcel se ingresa por dos motivos: porque se ha celebrado un juicio y el tribunal ha dictado sentencia de cárcel o porque un juez ha ordenado prisión preventiva antes de celebrarse el juicio. En ambos casos existe un auto de prisión provisional o una sentencia que certifica el encarcelamiento del acusado, pero ese documento jamás es exhibido en los foros y periódicos virtuales donde se asegura con rotundidad la existencia de presos varones víctimas de denuncias falsas. Si por alguna razón fuese difícil o imposible la publicación de la resolución judicial, siempre se podrían publicar noticias contrastadas sobre los encarcelamientos de varones falsamente acusados… si es que dichos encarcelamientos existen.

Pero ni en foros virtuales, ni en periódicos digitales ni en ninguna parte la rotunda afirmación de que existen cientos, tal vez miles de hombres encarcelados injustamente va acompañada de ningún documento que la apoye.

Otro bulo de aparición más reciente consiste en decir que en España existen 106 tribunales dedicados exclusivamente a juzgar varones. En esas fabulaciones se comparan esos “tribunales de hombres” –fotografías incluidas–   con los tribunales nazis dedicados en exclusiva a juzgar judíos. Al tratarse de un bulo, que habitualmente es impreciso, sorprende la concreción del número; todo se aclara cuando para demostrar la “veracidad” de la fabulación, alguno de sus autores incluye una lista de los 106 Juzgados de Violencia de Género que existen en España. Se trata simplemente de un torticero cambio de denominación: a los Juzgados de Violencia de Género los rebautizan como Juzgados de Hombres.

Objetivo de los bulos
Lo que se pretende con estos bulos es desacreditar la LIVG, presentándola por un lado como una ley represiva, fruto de la influencia que el feminismo radical está teniendo sobre todos los gobiernos, y por otro lado como una ley inútil puesto que no está solucionando el problema de la violencia “intrafamiliar” y se continúan asesinando mujeres. Al parecer esta ley molesta muchísimo a los partidarios de que las relaciones entre hombres y mujeres continúen siendo unas relaciones de clara supremacía masculina, tal y como eran hace cuarenta o cincuenta años.

Otra  finalidad de los bulos es el desvío de la atención que está recibiendo el elevado número de casos de violencia machista, tanto asesinatos como violaciones. Como la tozuda realidad es imposible de eludir y el aumento de asesinatos machistas y de violaciones es innegable, lo que hacen los autores de tergiversaciones y mentiras es intentar desviar la atención hacia una violencia femenina que, según ellos, no está recibiendo la atención mediática que merece y ello se debe a que hay una conspiración periodística que deliberadamente silencia los crímenes cometidos por mujeres. Otra consecuencia de la gran influencia que, según ellos, tiene el feminismo radical actual sobre políticos y periodistas.

Para conseguir ese desvío de atención los bulos magnifican todo lo posible casos reales de madres que asesinaron a sus hijos, sin importar si esos asesinatos se cometieron hace varios años o en otros países. Al insertar noticias en los comentarios que hacen en los foros de debate, no mencionan la fecha ni el lugar en que ocurrió el hecho; pero basta con pinchar en el titular de la noticia para ver la información completa y comprobar que el infanticidio a que se refiere el periódico ocurrió en Australia o en Perú  hace dos o tres años. Por desgracia este engaño resulta eficaz a pesar de su torpeza, pues son muy pocas las personas que leen la noticia completa; les basta con leer el titular para darse por informados.

La conclusión que tratan de difundir estos bulos es que la violencia no tiene género, que no existe la violencia machista ni feminista, sino la violencia en general y que las víctimas de la violencia son tanto mujeres como hombres, niños, ancianos o discapacitados. Al diseminar la violencia por todos los grupos sociales, de edad y de sexo se intenta ocultar la evidencia de que hay una violencia machista, con sus propias características, que parte de la superioridad física del varón y se apoya en una ancestral cultura de supremacía de los hombres sobre las mujeres. 

Origen de los bulos
Existe una gran cantidad de fuentes, tanto periódicos digitales como blogs personales, de las que los bulos toman su material, aunque es muy posible que las organizaciones que los gestionan sean muy pocas y que cada una de ellas tenga varios dominios. No parece que haya muchos “francotiradores” que hagan la guerra por su cuenta, pues los temas, el contenido e incluso la redacción de las frases que se reproducen en foros y publicaciones son prácticamente iguales. Da la impresión de que se trata de una estrategia organizada previamente.

Veamos una selección de las fuentes más habituales.
Actuall (https://www.actuall.com/) Es una revista digital de temática muy variada: homofobia, tergiversación histórica, defensa de la familia tradicional, violencia femenina, conspiraciones, etc. Depende de la organización ultracatólica Hazte Oír, aquellos de “los niños tienen pene, las niñas tienen vagina”. En sus páginas se ha defendido el rezo del rosario en familia, el rechazo de los anticonceptivos y se ha “descubierto” la promiscuidad y amoralidad de líderes como Martin Luther King o Che Guevara.
     
Mereces Saberlo (http://merecessaberlo.es/) Revista digital con contenidos limitados a la violencia de género, denuncias falsas, custodias compartidas, mujeres asesinas, etc. Contiene estadísticas manipuladas o con una interpretación tergiversada y un “manual del hombre denunciado e indefenso ante la ley de violencia de género”. También depende de Hazte Oír.

Lesbimatriarcado (https://lesbimatriarcado.wordpress.com/) Es un blog personal que recopila noticias extraídas de diferentes medios de todo el mundo. Se subtitula “noticias sobre violencia de género matriarcal” y creo que el subtítulo es lo bastante elocuente como para que no haga falta comentar nada más.

La tribuna de España (https://www.youtube.com/channel/UCisIqN_XqjXz92eJMnjvEmA) Es el medio más potente y de temática más diversa que he encontrado hasta ahora. Tiene una emisora de radio llamada La Voz de la Disidencia y un canal de vídeo en You Tube. La leyenda que hay en la entrada al canal de vídeo dice “Periodismo cristiano y patriota. Azote de la corrupción e insumiso con los poderosos”. Algunos de sus vídeos son de notable calidad, están bien editados y a una persona poco informada pueden resultar atrayentes. El enlace de más arriba es al canal de vídeo.

Los bulos y Goebbels
Aunque parezca difícil de creer, estos bulos están influyendo en la opinión de muchas personas. La idea de que la violencia no tiene género es fácil de transmitir porque se apoya en un hecho cierto –existen mujeres violentas, mujeres asesinas– que es convenientemente agrandado hasta hacer creer que existen muchos más casos de los que nos informan los medios. El niño Gabriel, asesinado por su madrastra o Maje, la “viuda negra” que se fingía discapacitada y que asesinó a su marido con ayuda de su amante, son casos que han tenido un amplio reflejo mediático; agrandados interesadamente crean la impresión de que hay más Majes y más Gabrieles de los que aparecen en la prensa y  en los telediarios, y de ellos no se sabe nada.

Algo más difícil es hacer creer que existe un elevado número de hombres encarcelados a causa de denuncias falsas de maltrato puestas por sus parejas, porque no hay casos reales que hayan aparecido en los medios. Pero puede conseguirse que se crea en su existencia si se repite el bulo con la suficiente insistencia. La idea de que existe una conspiración del Estado para ocultar que hay un acoso de malvadas mujeres contra hombre inocentes se puede inducir con facilidad si se repite lo suficiente. Los ejemplos sacados tanto de algunos casos reales como de Falcon Crest, Dinastía y otras populares series de televisión que se continúan reponiendo, en las que pérfidas mujeres se hacían con el control de negocios y propiedades a través de sucias intrigas, han calado lo suficiente en el inconsciente colectivo como para que su recuerdo sirva de abono a los bulos que intentan difundir la idea de la conspiración femenina.

Joseph Goebbels fue Ministro de Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich.  A él se atribuye la frase “una mentira repetida mil veces acaba convirtiéndose en verdad”. Dijese o no esas palabras, lo cierto es que las puso en práctica con reiteradas campañas de desprestigio contra judíos, marxistas y otros grupos a los que el gobierno nazi quería demonizar primero para que su eliminación posterior fuese socialmente aceptada. Y lo consiguió. Los propagadores de bulos que atacan y tratan de desprestigiar a las mujeres maltratadas, a las leyes que intentan protegerlas y en general al movimiento feminista están siguiendo la técnica Goebbels.


Pero la diferencia entre el Tercer Reich y nuestro país en la actualidad es que aquí y ahora los que emplean la técnica Goebbels no tienen a su disposición los recursos del Estado. Sean del tipo que sean todos los bulos comparten dos características: producen una primera impresión de sorpresa porque parecen contrarios a la lógica y son fáciles de desmontar. No caigamos en la trampa de creer algo que a primera vista parece difícil de creer, desconfiemos de lo que nos resulta chocante, sobre todo cuando no viene acompañado de ninguna prueba documental o testimonial que sirva de apoyo. Y sobre todo, no difundamos nada que nos despierte desconfianza. Los autores de bulos que intentan propagar el odio hacia las mujeres no disponen de los medios con que contaba Goebbels y somos nosotros, con el boca a boca, casi el único medio de que disponen para propagar sus mentiras.  

lunes, 22 de junio de 2020

LA CAÍDA DEL NAZISMO Y EL MOVIMIENTO FEMINISTA



En estos días se cumple el 75 aniversario de unos acontecimientos que cambiaron el curso de la Historia y condicionaron la política, los movimientos sociales, las relaciones internacionales, los modelos económicos e incluso el arte y la cultura en todo el mundo. 

El 30 de abril de 1945 Adolf Hitler se suicidó  en el búnker de la Cancillería de Berlín. El 2 de mayo lo que quedaba del ejército nazi capituló ante el Ejército Rojo. Pero los combates de soldados soviéticos contra grupos aislados de fanáticos alemanes continuaron en algunos barrios hasta que el 9 de mayo se firmó la rendición incondicional. Finalizaba así el más importante conflicto armado del siglo XX, tras el cual el mundo ya no sería igual.

Casi inmediatamente después comenzó una operación de reescritura de la Historia, que ha conseguido mantenerse con éxito en muchos países hasta hace muy poco tiempo. Según esta reescritura la derrota de la Alemania nazi fue posible gracias a las tropas aliadas de EE. UU. Gran Bretaña, Australia y la Francia ocupada. Según este falseamiento de los acontecimientos la derrota del eje Roma-Berlín-Tokio se inició con el desembarco en Normandía y la expulsión de las tropas japonesas de Filipinas.

En realidad cuando se produjeron estos acontecimientos el ejército nazi ya estaba muy debilitado y se batía en retirada por tierras polacas tras abandonar casi por completo el territorio soviético. La batalla por la conquista de Stalingrado –una ciudad con escasa importancia estratégica, pero cuyo ocupación respondía a una obsesión personal de Hitler por el nombre que ostentaba– había acabado con once divisiones alemanas, víctimas no solo de los combates, sino también del hambre, el frío y la escasa experiencia en el combate casa por casa. Tras abandonar las ruinas de Stalingrado las tropas nazis, en lugar de retirarse y reorganizarse, se enfrentaron al Ejército Rojo en la batalla de Kursk, donde perdieron tres cuartas partes de los tanques y más de un tercio de los aviones. Tras esta batalla los alemanes nunca recuperaron la iniciativa en el frente oriental y emprendieron una lenta pero inexorable retirada que, casi dos años más tarde, terminaría en la entrega de Berlín a las tropas soviéticas.
La soberbia de los gobernantes de estados capitalistas no podía soportar que las Fuerzas Armadas de un estado socialista hubiesen llevado la iniciativa, obligando a retroceder a un ejército que parecía invencible, que había ocupado en pocos meses más de media Europa y casi todo el norte de África sin encontrar apenas resistencia. Así que rápidamente pusieron a trabajar a historiadores, periodistas, escritores y directores de cine en la fabricación de una gran mentira que acabarían creyendo durante lustros millones de ciudadanos desinformados.

Afortunadamente desde hace algunos años la verdad histórica va abriéndose paso.

Pero se preguntará el lector ¿qué tiene que ver el movimiento feminista con el final de la II Guerra Mundial? ¿Cuál es el motivo de que se difunda esta conmemoración en un medio del Partido Feminista?

La relación es evidente si nos formulamos la siguiente pregunta: ¿Cómo sería la condición de la mujer en todo el mundo si la guerra hubiese sido ganada por los ejércitos de Alemania, Italia y Japón? La respuesta causa estremecimiento, un estremecimiento que se agranda cuanto más se conoce el papel que desempeñaban las mujeres en la Alemania nazi, la Italia fascista y el Japón imperial previo a la contienda. Un papel que no iba más allá de convertirse en criaturas reproductoras, que debían dar al régimen tanto varones soldados y obreros como hembras madres y educadoras, que a su vez proporcionarían nuevos soldados y nuevas madres. En la Alemania nazi y la Italia fascista solo un escaso número de mujeres de probada fidelidad al partido único podía aspirar a ascender en el ejército, la administración del Estado o la medicina; y siempre llegarían a un nivel que no podían superar precisamente por ser mujeres. Una mujer nunca podría tener mando de tropa, ni hacer operaciones quirúrgicas ni dirigir un ministerio  A las mujeres de países ocupados les esperaba un destino todavía peor: el de esclavas sexuales del ejército ocupante, tal y como demuestran numerosos documentos relativos a la ocupación de Noruega y Dinamarca por las tropas alemanas o de las Islas Filipinas y Manchuria por el ejército japonés.

Las conquistas sociales alcanzadas por las sufragistas británicas, las revolucionarias soviéticas o las republicanas españolas habrían desaparecido en caso de que las tropas del eje hubiesen ganado la guerra.

Si alguien tiene dudas al respecto, no tiene más que recordar las limitaciones que sufrían las españolas hasta hace pocos años, durante el franquismo, que fue un régimen muy cercano al nazismo y al fascismo. Hasta 1978 el adulterio fue un delito tipificado en el Código Penal, pero solo para las mujeres; el marido tenía el “derecho” de matar a la adúltera (afortunadamente no se generalizó el uso de ese derecho), no existía el divorcio y el único matrimonio legal era el eclesiástico. La mayoría de edad estaba establecida en los 25 años y antes de esa edad una mujer no podía abandonar el domicilio paterno más que para casarse o para entrar en un convento. Iglesia y justicia civil consideraban que la única finalidad de las relaciones sexuales era la reproducción, y por ello estaba castigado el uso de cualquier método anticonceptivo, incluido el preservativo. Con especial rigor se perseguía el aborto, enfrentándose a duras penas de cárcel tanto los médicos que lo practicasen como las mujeres que se sometiesen a él. La homosexualidad y el lesbianismo también fueron delitos hasta años después de muerto Franco. Hasta 1961 estuvo cerrado el acceso de las mujeres a muchas profesiones liberales, entre otras a la abogacía del Estado, al Registro de la Propiedad, al servicio de Aduanas, a la Inspección Técnica de Trabajo, a la marina mercante, a la judicatura y a la fiscalía. Tampoco se permitía el uso de armas a las mujeres, por lo que tenían cerrado el acceso a los cuerpos de Policía, Guardia Civil y Ejército; solo a principios de los años 70 se permitió la entrada de un reducido grupo de mujeres a la Policía Municipal de algunas capitales para regular el tráfico o hacer trabajo de oficina. La única profesión liberal a la que tenían acceso relativamente fácil las mujeres era la peor pagada: el magisterio. Y los prejuicios hacia las mujeres casadas que se empeñaban en continuar trabajando tras la boda eran tan grandes, que muchas optaban por abandonar el trabajo en cuanto contraían matrimonio.    

Por eso la derrota infligida al nazismo hace setenta y cinco años representó la eliminación de un obstáculo para el avance de todos los movimientos sociales progresistas y, en especial, para el movimiento feminista. Durante setenta y cinco años el feminismo y otros movimientos sociales han ido avanzando con aciertos y con errores, con  pasos hacia adelante y hacia atrás, pero al hacer balance vemos que las mejoras alcanzadas son indiscutibles. Precisamente ahora, cuando grupos neonazis y neofascistas empiezan a levantar con fuerza la cabeza tras permanecer años en silencio, es cuando debemos recordar que el ejército que venció a los intolerantes en 1945 no lo hizo solo con tanques y aviones, sino también con las ideas de igualdad y justicia que formaban parte de su armamento.    
                                                                                                       

                                                                     
Jorge Saura
Comisión Política e Ideológica del Partido Feminista 

miércoles, 17 de junio de 2020

LA VIDA DE LA SEÑORA PETRA



La señora Petra vive en Vallecas y su vida no es muy feliz. Lleva veintiocho años casada con un electricista y tiene una hija de veintiséis años que hace dos se fue a vivir con su novio. El piso en el que vive apenas tiene treinta metros cuadrados.

La señora Petra no llegó a terminar la enseñanza secundaria. A los dieciséis años se puso a trabajar en la frutería de su tío hasta que se casó cuatro años más tarde y dejó el trabajo para ocuparse del hogar y de los hijos que viniesen. Afortunadamente no vino más que una hija porque el sueldo de su marido no le habría permitido tener más. Junto con su hija tuvo una fuerte depresión postparto durante cuatro años que no se trató porque no era consciente de tenerla; ella solo notaba que “estaba muy triste”.

Antes de casarse la señora Petra tenía muchas ilusiones acerca de su futuro. Le gustaba mucho leer y soñaba con que algún día terminaría sus estudios y se convertiría en escritora. Antes de casarse leía por las noches en su habitación, pero cuando se casó tuvo que buscar huecos entre la lavadora, la plancha, la cocina y la aspiradora para poder abrir un libro durante unos minutos. Cuando nació su hija esos huecos de tiempo se redujeron hasta casi desaparecer, pero mantuvo la esperanza en que cuando la niña creciese y se fuese haciendo autónoma, el tiempo para leer volvería. Esas ilusiones fueron marchitándose lentamente.

Cuando la señora Petra se casó estaba enamorada de su marido, o al menos eso era lo que ella creía. Pero con el paso de los años fue perdiendo primero la pasión, luego el afecto y más tarde, cuando descubrió rasgos de su marido cuya existencia no sospechaba, le fue perdiendo el respeto. Actualmente lo que siente es una mezcla de miedo e incomprensión.

A pesar de ello piensa que su marido no es mala persona. Solo una vez recibió una bofetada y luego le pidió perdón, a pesar de lo cual la señora Petra tomó medidas para no recibir más golpes, adoptando una postura distante y sumisa cuando veía que él empezaba a irritarse.

La señora Petra sufre violación conyugal casi todos los fines de semana, cuando su marido no tiene que madrugar para ir al trabajo a la mañana siguiente. Hace años que ya no intenta evitarlo y no dice que le duele la cabeza o que está cansada y muerta de sueño porque teme consecuencias desagradables, ya que con el paso de los años el carácter de su marido se ha ido agriando. Cuando su marido vuelve del bar tras ver un partido de fútbol en el que su equipo ha ganado lo hace lleno de euforia oliendo a alcohol y hablando con lengua estropajosa. Esos días la señora Petra sabe que podrá dormir tranquila, aunque tenga que irse a la habitación que entes ocupaba su hija, porque tras unos torpes e infructuosos intentos de tener sexo, él se quedará dormido. Pero si su marido ha visto perder a su equipo es mucho peor, porque además de bebido viene furioso y en esos casos la señora Petra se calla, se empequeñece, trata de hacerse lo más invisible que pueda hasta que su marido deja de dar voces y golpes y, por efectos del alcohol, se queda dormido.

La señora Petra no habla de esto con sus amigas, ante las que trata de mantener una imagen de normalidad sobre su matrimonio y solo se desahoga con su hija, la única persona con la que tiene la suficiente confianza, cuando la visita una o dos veces a la semana. Su hija le ha aconsejado más de una vez que se marche de casa, que aún no es tarde para que empiece a vivir su propia vida, pero la señora Petra está convencida de que eso sería peor, pues no tiene ningún sitio adonde ir, no tiene ingresos ni estudios ni una profesión y sus padres, que aún viven, sobreviven a duras penas con una escasa pensión de jubilación.

A la señora Petra no le ha interesado nunca la política; piensa que todos los políticos son unos ladrones y unos cuentistas, sean de partido que sean. Cuando hay elecciones se queda en casa o vota por el partido que le dice su marido. Ha escuchado hablar del feminismo pero no sabe muy bien en qué consiste. Piensa que las feministas son unas señoras que tienen mucho tiempo libre para reunirse y hacer protestas porque tienen a alguien que se ocupa de hacer el trabajo doméstico. Alguna vez su hija la ha llevado a reuniones de mujeres que tratan de ayudar a otras mujeres y en una ocasión se atrevió a hablar porque se sintió retratada en la descripción que una oradora hacía de las injusticias y el desprecio que sufren muchas mujeres como ella. Hizo varias preguntas que empezaban por la frase “tengo una amiga que me ha contado…”, ya que le daba vergüenza hablar en primera persona. Pero no le gustó lo que le contestaron porque se parecía mucho  los consejos de abandono del hogar que le daba su hija.

Existen muchas señoras Petras que permanecen olvidadas, encerradas en su miedo a un futuro incierto, atenazadas por un desprecio al que ya se han habituado, paralizadas por el miedo a una reacción violenta, convencidas de que ya no están en condiciones de valerse por sí mismas. Es muy difícil llegar a ellas porque rechazan la ayuda, incluso si reconocen que necesitan ayuda. Creo que lo único que puede hacer el movimiento feminista es continuar insistiendo e insistiendo, tratar de romper el círculo de miedo en el que permanecen presas, hacer que comprendan que los riesgos que implica romper ese círculo merecen la pena, hacerlas sentir que fuera de ese círculo van a encontrar apoyo y protección.

En una palabra, convertir en acciones esa vieja frase de que si hay alguien más explotado que un obrero, es la mujer del obrero.


Jorge Saura
Coordinador del Área sobre Violencia contra la Mujer 

del Partido Feminista de España